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ANECDOTAS

Publicado en una entrevista realizada por Aviceo a Carlos Vázquez en "El Pueblo Manchego" el 26 de Agosto de 1916, en referencia a su etapa en París (1890-1900)

Carlos Vázquez nunca hizo vida bohemia durante su estancia en París. Esto es lo que nos cuenta:

Tantas y tan enormes desventuras vi en mis compañeros, - eternos bohemios del barrio latino - que, horrorizado de tal vida, la aborrecí a tiempo…

Si ustedes conocieran algunas escenas de la vida bohemia… Día de hambre, horas de borrachera, noches de frío, entregados al vicio, comidos por enfermedades repugnantes y asquerosos parásitos, medio desnudos, sucios, desgraciados, famélicos…

Recuerdo un caso que aún ahora, transcurridos los años, al acudir a la memoria todavía siento que se estremece de indignación mi espíritu.

Un día se me presentó uno de aquellos bohemios y lleno de contento me dijo: "¡Chico, qué banquete!, Por 10 céntimos, en el mejor restaurante de París, me permiten que limpie todos los día los platos, es decir que fuese a recoger las sobras de los parroquianos del restaurante." ¿Comprenden ustedes mi repugnancia y mi cólera?.

Pues no pararon ahí las cosas. Otro día, el mismo individuo, apesadumbrado y fuera de sí, puso, como dirían, de vuelta y media a un compañero suyo, porque se había presentado en el restaurante donde él limpiaba los platos a ofrecer 15 céntimos por lo que él hiciera por 10.

A ese tenor, toda la vida bohemia de París.

Nota facilitada por Matilde Vázquez de un periódico de la época

PERFILES

Se han expuesto - ¡y tanto! - unas "cosas" en un Salón de Barcelona, y a propósito de ellas se ha recordado una anécdota, perfectamente de actualidad, sobre el arte superrealista. CARLOS VÁZQUEZ, el ilustre pintor que en Barcelona recoge laureles incesantes y justos, tuvo un día la idea de hacerle pintar un cuadro a un burro, y lo consiguió.

El famoso pintor se llevó a un notario a su taller, y ante él cortó la cola a un hermoso jumento, dejándole tan sólo unos pocos centímetros de pelo. Después le acercó una paleta, en la que había colores frescos, y haciéndole cosquillas en las orejas al asno logró que éste pasara el rabo sobre ella. Y para completar la obra repitió la operación, pero poniendo bajo la cola del borrico una tela blanca.

Como es natural, el filosófico animal dejó sobre el bastidor unas manchas de color que fueron tituladas Mi sensibilidad, y expuestas en el Salón de Independientes.

Y lo grande del caso es que el cuadro (?) se vendió en 750 pesetas *

¡Gustos que hay - ¡ay! - por ahí!.

CARLOS VAZQUEZ, que por ser un verdadero maestro es un enemigo acérrimo de las majaderías, se tiraba de los pelos... ¡en vez de reirse!

* Cantidad muy importante en aquella época

El Compromiso de Caspe

La Diputación de Barcelona, actualmente Palau de la Generalitat, encargó a Carlos Vázquez para el salón de San Jorge (Saló de Saint Jordi) un cuadro de 6 metros de ancho por 9 metros de largo con figuras de 2 metros de altura.

Este cuadro representa "El Compromiso de Caspe"

Tuvo que terminarlo pintando con la mano izquierda porque la fecha final de plazo de entrega se aproximaba y la mano derecha la tenía fracturada a consecuencia de una caída.

Hasta ese momento, comentaba, no se había percatado de su facilidad de pintar con la mano izquierda.

Fragmento de un artículo de Clemente Sánchez Cruzado del 2 de Octubre de 1916 en "El Pueblo Manchego"

Cuando Carlos Vázquez se presentó por primera vez en la Exposición con sus lienzos admirables, llamó la atención de los gustos cultos, de las críticas serenas y de sus compañeros de profesión.

¿Quién es este muchacho? Dijo Pinazo (*), en una reunión.- Es un joven manchego.

¿Manchego?. Pues si que es raro.

¿Por qué? Preguntó Doménech irónico y burlón Porque los manchegos, como su tierra, son secos de cerebro.

Una carcajada acogió las palabras del maestro, y no pasó más.

Al poco tiempo, los periódicos dieron la noticia de que á Don Carlos Vázquez le había sido otorgada la Primera Medalla de Honor.

(*) El maestro Ignacio Pinazo Camarlench (1849 - 1916)

ANÉCDOTA narrada por C.V. a la revista Lecturas abril 1931 al periodista Antonio Orts - Ramos

En cierta ocasión, andando a caza de modelo, encontré a una gitanita que era una preciosidad, pero tan sucia y con tal costra de porquería adherida a su piel, que casi los rasgos de su cara desaparecían.

Contento con mi hallazgo, traté con sus padres el llevarla a mi estudio, y les anticipé 50 ptas para que la bañaran y la vistieran de limpio.

Entonces el gitano, devolviéndome el anticipo y hurgando con su vara en el suelo, como si dibujara sobre él extraños rasgos cabalísticos, me dijo que lo que le proponía era su ruina.

"Pero, ¿por qué?" le pregunté desconcertado. "Pues porque la niña es nuestro sostén, y ya hace años que la pintan así, tal como usted la ve, y así la quieren los que la pintan"

Y no hubo modo de convencerle, marchándome rumiando por qué los que la pintaban la preferían sucia y andrajosa, cuando la belleza de aquella niña estaba en la cara, y cuanto más limpia la tuviera, más se acusaría ésta.